¡Qué España no siga este camino! Una mirada desde Polonia

Por: Magdalena Grzyb*

Polonia tiene una de las leyes de aborto más restrictivas en Europa. A pesar de ello, se han producido diversos intentos por parte de sectores conservadores para restringirla aún más. Por fortuna, no lo han logrado. Así, recientemente el debate sobre aborto legal no solo ha ocupado la agenda de nuevo, sino que se ha vuelto muy intenso en mi país. Ello debido a la coincidencia de tres acontecimientos que demuestran claramente los obstáculos que enfrentan las mujeres al buscar ejercer sus escasos y limitados derechos sexuales y reproductivos. Tres acontecimientos que ojalá no se repitan también en España si el Anteproyecto de reforma de Gallardón es aprobado y entra en vigor.

El primer hecho tuvo lugar hace unas cuantas semanas. Los medios de comunicación revelaron el caso de una niña de 11 años quien, después de haber sido violada por dos de sus primos de 14 y 15 años, quedó embarazada. Sus padres solicitaron a los tribunales que autorizasen la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) al tratarse de una niña de menor de 15 años y de constituir la violación uno de los supuestos previstos en la Ley. Sin embargo, y a pesar de obtener la autorización judicial, a los padres de la niña les ha costado mucho trabajo encontrar un hospital donde obtener la prestación del servicio, tanto, que a la fecha no se sabe si han podido hacerlo o no. Este caso me recuerda a otro muy conocido que ocurrió en el año 2008 y llegó hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en el que una niña de 14 años se vio obligada a viajar 500 km desde su domicilio para obtener un aborto legal y seguro. Este caso del que les hablo es el de P. y S. contra Polonia. En esta ocasión mientras los padres de la niña buscaban un hospital dispuesto a prestar el servicio a su hija, muchos medios, periodistas y políticos conservadores y moralistas les persiguieron, presionaron y trataron de disuadir.

Los sectores conservadores en Polonia aún creen que el sufrimiento físico y psíquico de las mujeres y niñas violadas no es razón suficiente para acceder a un aborto y por el contrario insisten en que éstas completen el embarazo; incluso, en el caso de las niñas, plantean que con ayuda de sus padres deberían convertirse en madres ejemplares. Así, en este primer caso relatado, a la niña, en vez de permitirle abortar y ayudarla a superar el trauma y continuar su niñez y su educación, se le impuso un embarazo no deseado, fruto de violencia sexual. Además el embarazo también constituyó un grave peligro para su vida y salud, dada su temprana edad. En definitiva, las circunstancias traumáticas de agresión sexual a una niña de 11 años y el embarazo con las secuelas que le acarrearán no fue una razón suficiente para permitirle acceder a la IVE; lo cual resulta irónico cuando en Polonia repetimos constantemente que lo que más cuidamos son “los niños”, aunque al parecer son los concebidos no nacidos los únicos que deben ser atendidos.

También recientemente, una mujer de 38 años logró quedar embarazada tras años de intentarlo. De manera preventiva, la mujer fue a un ginecólogo en uno de los hospitales públicos más grandes de Varsovia, el “Familia Santa” solicitando pruebas prenatales; sin embargo, el médico se negó a proporcionarle las mismas. Por esto, no fue sino hasta la semana 22 de gestación, cuando se enteró de que el feto tenía una malformación grave (varios defectos de cerebro y cráneo) que no se podía curar, es decir, que era “una anomalía incompatible con la vida”. En ese momento pidió al director del hospital, un reconocido especialista de ginecología, que emitiese un informe autorizando la realización de la IVE. Durante dos semanas el médico pospuso las consultas y la sometió a distintos exámenes médicos. Todos ellos confirmaron la malformación del feto incompatible con la vida. Por fin, en la semana 25 de gestación, el médico emitió un documento en el que se negaba a practicarle el aborto por “conflictos de conciencia”. El documento no indicaba a la mujer otro establecimiento médico donde si pudiese acudir, aunque por ley estaba obligado a ello, pero además, emitió el dictamen cuando los plazos legales para la interrupción del embarazo ya se habían superado, imposibilitándole por tanto su ejercicio. El médico se justificó diciendo que brindar esa información hubiese sido como realizar el procedimiento por sí mismo. Lo que sí que le propuso fue acudir a un hospicio para niños (establecimiento con cuidados paliativos) o la adopción –inaudito dado que como hemos visto el feto no tenía opciones para sobrevevivir-. Así que esta mujer –que anhelaba quedarse embarazada– está siendo forzada a continuar un embarazo que la obligará a dar a luz a un hijo que tendrá que nombrar y enterrar.

Esta es la realidad de las mujeres polacas: cruda y cruel. Aunque la ley asegura el acceso al aborto en tres circunstancias: peligro a la vida o salud de madre, la malformación del feto o cuando el embarazo es resultado de un delito; para la mayoría de las mujeres es casi imposible acceder a un aborto legal, incluso bajo cualquiera de estas circunstancias. Las mujeres polacas son constantemente privadas del acceso libre al aborto y peor aún, se les niega poder hacerlo de forma legal y segura. Además son acechadas, “condenadas” y estigmatizadas socialmente, por el mero hecho de buscar la manera de ejercer sus nuestros derechos.

De hecho, Polonia ha perdido tres casos ante la Corte Europea de Derechos Humanos por situaciones análogas a las descritas (Tysiąc, R.R. y P. y S.). En todas las decisiones de la Corte, además de ordenar el pago de indemnizaciones a las mujeres a quienes se les había negado u obstaculizado el acceso al aborto legal, el Estado polaco fue obligado a asegurar el acceso efectivo a la IVE. Es por eso que resulta preocupante que poco haya cambiado y que el Estado de Polonia aún no cumpla con sus obligaciones internacionales, ni proteja los derechos de las mujeres. Mientras tanto, se mantiene una elevada la tasa de abortos clandestinos que se ejecutan en condiciones que atentan contra la salud, y aumenta el llamado turismo abortivo, con destino a países como Eslovaquia, Alemania, Holanda o Reino Unido.

Por último, estas dos situaciones dramáticas relatadas coincidieron en el tiempo con la firma de la “Declaración de Fe”- una iniciativa de agradecimiento por motivo de la canonización de Juan Pablo II- que establece que el derecho divino prepondera sobre el derecho humano. La declaración fue firmada por casi 3 mil médicos polacos, que en su ejercicio profesional se van a abstener de realizar cualquier participación o colaboración en las prácticas prohibidas por la Iglesia Católica: el aborto, la fecundación in vitro y la prescripción de los anticonceptivos. Es decir, amparándose en el derecho divino y pasando por alto la laicidad del Estado de Polonia, 3000 médicos se abstendrán de salvar la vida y garantizar la salud– su vocación y obligación legal- a una parte de sus pacientes.

No cabe duda de que Polonia, sobre todo estos tiempos difíciles de crisis, es un país al que sobresale en este momento en la Unión Europea, dado que es el único que ha resistido la crisis y avanza. La ‘isla verde` de la Europa continental puede ser un modelo a seguir en términos económicos, pero dista mucho de serlo en materia de derechos humanos y, sobre todo, derechos sexuales y reproductivos. Los derechos de las mujeres polacas, 20 años después de la entrada en vigor de la Ley del aborto, siguen desamparados, dados los insuperables obstáculos en la práctica para su efectivo ejercicio. Todo esto lo debería tener en cuenta el Gobierno Español. Y sobre todo debería considerar el efecto que tiene sobre los derechos de las mujeres y sus vidas, establecer leyes que conllevan importantes obstáculos al ejercicio efectivo y pleno de los derechos ya regulados.

 

*Fue practicante de Women’s Link Worldwide en la oficina de Madrid entre el 8 de mayo y el 20 de junio de 2014. Es estudiante de doctorado en la Universidad Jagellona de Cracovia y Université Montesquieu Bordeaux 4. Becaria del Gobierno Francés. Prepara su tesis sobre crimenes de genero motivados por la cultura.

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