Premios Género y Justicia al Descubierto 2013

Publicado por primera vez en el blog Al revés y al Derecho, el 21 de junio de 2013.

Lul Ali Osman Barake, es una mujer somalí de 27 años de edad que denunció haber sido violada sexualmente por miembros de la Policía Nacional de su país. Después de un proceso judicial que culminó en febrero de 2013 y en donde fueron violentados todos sus derechos de acceso a la justicia, el juez Ahmed Adan Farah, presidente del tribunal en Mogadiscio que conoció del caso, condenó a Lul Ali Osman Barake a un año de prisión por haber afectado con su denuncia el honor de una institución estatal, un crimen en Somalia. La condena fue más tarde revocada en apelación, pero es una sentencia que no debemos olvidar. Primero, porque Abdiaziz Abdinur Ibrahim, el periodista que dio a conocer el caso de Lul Ali, permanece en prisión, también por haber ofendido el honor de las instituciones públicas. Segundo, porque el caso de Lul Ali no es aislado, no sólo ocurre en un país pobre y machista como Somalia.

Muy por el contrario, sentencias judiciales como ésta, basadas en fuertes estereotipos de género, que discriminan y dejan indefensas a las mujeres frente a la violencia, ocurren en todas partes del mundo. Sus consecuencias son terribles, dolorosísimas para las víctimas y sus familias y un espanto para las sociedades que continúan recibiendo por parte de sus representantes públicos mensajes que perpetúan la violencia contra las mujeres.

“Está bien violar, golpear y asesinar a mujeres”, “no existen consecuencias para los perpetradores” y “no hay necesidad de investigar lo que estas quejosas malintencionadas dicen, total: son sólo mujeres y niñas”.

Este es el subtexto de sentencias que se visten con las mejores galas del lenguaje del derecho, que no de la justicia.

Una manera de verificar esta afirmación que hago es visitar la web de los Premios Género y Justicia al Descubierto, creados por la organización internacional de derechos humanos Women’s Link Worldwide, y echar un vistazo a las sentencias judiciales que recogen. Estos Premios castigan o felicitan a las decisiones judiciales más negativas y positivas para la equidad de género, nominadas cada año a través de la web por convocatoria abierta. Los premios castigo son los Garrote y los positivos, los Mallete. Este año, la decisión judicial en el caso de Lul Ali Osman Barake, fue galardonada con el premio de la vergüenza Garrote de Oro a la decisión judicial más retrograda para la equidad de género. Los Garrote de Plata y Bronce no son menos sangrantes.

El Garrote de Plata fue para la sentencia en el caso Juan José B. A. de la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo de España. El juez ponente, Fernando Pignatelli Meca, decide reducir la suspensión impuesta por el Ejército a un militar que había sido condenado por los tribunales españoles por un delito de violencia contra su esposa, bajo el argumento de que el Ejercito, al decidir la medida, no tomó en cuenta ni las condecoraciones militares ni la participación de este militar en la misión de paz en Afganistán donde es frecuente utilizar la fuerza.

El Garrote de Bronce fue para el caso Wanda Taddei. Los jueces argentinos, Luis F. Niño, Pablo G. Laufex y Patricia G.Mallo del Tribunal Oral en lo Criminal Nro. 20 de Buenos Aires, Argentina, después de declarar que quedó demostrado que el acusado deliberadamente asesinó a su mujer, Wanda Taddei,  quemándola viva, decidieron reducir la pena aplicable a este tipo de delitos en base a la figura de “emoción violenta”. El Tribunal define la “emoción violenta” como una perturbación de la conciencia por la cual quedamos a merced de los impulsos. Apreciando este “estado mental”, los jueces deciden que es necesario atenuar la pena ya que, en su opinión, el imputado  no cometió el delito de forma deliberada sino impulsado por un desarreglo emocional o crisis afectiva y una capacidad de comprender muy disminuida.

En los tres casos los jueces comparten la misma mirada frente a la violencia de género. Es decir, las conclusiones que alcanzan son el resultado de un análisis de los hechos muy similar basado en fuertes prejuicios acerca de la violencia contra las mujeres y los roles de género de hombres y mujeres en nuestras sociedades. Así por ejemplo, los golpes a una esposa son secundarios frente a la honorable carrera militar del marido; la osadía de una mujer de denunciar a hombres de la policía por violación sexual es delito de la mayor gravedad, y quemar viva hasta matar a la pareja se justifica si actuabas bajo impulsos pasionales incontrolables.

Ahora, lo que resulta llamativo es que las tres decisiones se toman en locaciones geográficas y culturales muy diferentes, es más, en tres continentes diferentes: África, Europa y América Latina. Creo que esta circunstancia debería servir de advertencia para no sentirnos cómodos. Para no pensar que la violencia ocurre sólo en lugares barbáricos y no en países “civilizados”, es decir, para no caer en la tentación de creer ingenuamente que la discriminación en base al género le ocurre a “otra”.

Tristemente tengo que agregar, que el resto de casos nominados en la categoría Garrote, unos 20 casos, en esta quinta edición de los Premios, no eran menos merecedores de castigo pero, el jurado*  tenía la tarea de seleccionar sólo tres en cada categoría. Esto me lleva a mencionar a los ganadores en la categoría Mallete, esos casos que nos dan un respiro y una necesaria nota de esperanza.

Este año fueron para la decisión delTribunal Supremo de Ghana (Mallete de Oro), que reconoció que el trabajo doméstico, ese que hacen las amas de casa, es una contribución esencial para el crecimiento económico del matrimonio, lo que justifica una distribución igualitaria de los bienes entre la pareja en el momento del divorcio.

El Mallete de Plata fue para la decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el caso P y S c. Polonia, en donde los jueces europeos afirman que haber negado el acceso a un aborto, en condiciones dignas, a una menor de edad embarazada como resultado de una violación, es una grave violación de derechos humanos que alcanza el nivel de tortura en los términos de la Convención Europea de Derechos Humanos.

Por último, el Mallete de Bronce fue para la Alta Corte de Botswana, que declaró inconstitucional una norma tradicional que negaba los derechos de herencia a las hijas mujeres y colocaba como únicos herederos a los hijos hombres.

Finalmente, para terminar de informar acerca de los resultados de este año 2013, hay que resaltar que Women’s Link entrega dos premios adicionales a aquellas decisiones más votadas en línea por el público, en sus dos categorías. La sentencia dictada por el Juez Patricio Baca Mancheno, del Tribunal Electoral de Ecuador, en donde suspende los derechos políticos de un pastor cristiano por su discurso homofóbico y de odio durante las últimas elecciones presidenciales de ese país, fue la decisión Mallete más votada por el público. Haciendo marcado contraste, el público eligió como Garrote a la decisión de los jueces del Tribunal Supremo de Puerto Rico que negó la solicitud de adopción de una pareja homosexual por considerar que no existe discriminación en la prohibición legal que impide que las parejas del mismo sexo puedan adoptar en ese país.

Los Premios Género y Justicia al Descubierto son un ejercicio de vigilancia ciudadana al trabajo de los jueces y las juezas en el cumplimiento de su tarea de garantizar el respeto por los derechos humanos. Son también un termómetro de la desigualdad en el mundo, sus avances y retrocesos. Garrotes y Malletes dibujan un mapa de algunas de las tensiones que nos atraviesan como comunidad global, esas que tocan uno de los temas más complejos y cargados de tabúes: nuestra construcción del género o la manera en que organizamos nuestra sexualidad y reproducción.

Desde su primera edición, las decisiones nominadas a los Premios Género y Justicia al Descubierto presentan en sus dos columnas de Malletes y Garrotes decisiones judiciales sobre acceso al aborto, violencia sexual, violencia doméstica, derechos de las personas homosexuales y transgénero, igualdad al interior de la familia, entre otros, que contrastan de manera evidente. Además no siguen ningún patrón previsible, no existen sospechosos habituales y países llamados del primer mundo han obtenido vergonzantes Garrotes y lo contrario. Lugares con altos niveles de desigualdad son merecedores de Malletes por decisiones altamente progresistas y al año siguiente, todo vuelve a cambiar. Estoy convencida de que esto es altamente positivo.

La lucha por alcanzar el máximo respeto por la dignidad humana es y debe ser un trabajo continuo, siempre perfectible. Mientras que la existencia de Garrotes es una señal de alarma frente a lo que es inadmisible que ocurra, los Malletes son la posibilidad del cambio hacia un mundo un poquito menos injusto, más igualitario y en donde todos seamos tratados como humanos.

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