El fin de una era

(Si quiere leer este post en inglés)

En la víspera del día que los mayas indicaron como el fin de una era, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, condenó al estado costarricense en el caso Artavia Murillo y otros, por la sentencia del Tribunal Constitucional que en el año 2000 declaró inconstitucionales los tratamientos de fertilización in vitro.

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El Tribunal Constitucional de Costa Rica, basaba su decisión en nociones que reconocen al embrión como persona titular del derecho a la vida desde el momento de la concepción, entendida como fecundación. Esta alusión a “la protección del derecho a la vida desde el momento de la concepción”, se ha usado en numerosos contextos de la región, para evitar el reconocimiento de otros derechos reproductivos, como el acceso a la anticoncepción de emergencia o el aborto.

La sentencia de la Corte Interamericana representa sin duda el fin de una era para los derechos reproductivos, pues aclara de una vez por todas, una serie de conceptos que serán inmensamente valiosos en la promoción y defensa de estos derechos en América Latina y el Caribe.

Para estos efectos, los apartes más importantes de la sentencia son:

1. Reconocimiento de los derechos reproductivos

La Corte, como intérprete autorizado de la Convención Americana, reconoce que la autonomía reproductiva, el acceso a los servicios de salud reproductiva y los derechos reproductivos hacen parte de los derechos a la protección a la vida privada y familiar, a la libertad personal y a fundar una familia (arts. 11, 7 y 17 de la Convención respectivamente):

“Asimismo el Tribunal indicó que el derecho a la vida privada se relaciona con: i) la autonomía reproductiva, y ii) el acceso a servicios de salud reproductiva, lo cual involucra el derecho de acceder a la tecnología médica necesaria para ejercer ese derecho. Por tanto, los derechos a la vida privada y a la integridad personal se hallan también directa e inmediatamente vinculados con la atención de la salud. La falta de salvaguardas legales para tomar en consideración la salud reproductiva puede resultar en un menoscabo grave del derecho a la autonomía y la libertad reproductiva. Respecto a los derechos reproductivos, se indicó que dichos derechos se basan en el reconocimiento del derecho básico de todas las parejas e individuos a decidir libre y responsablemente el número de hijos, el espaciamiento de los nacimientos y el intervalo entre éstos y a disponer de la información y de los medios para ello y el derecho a alcanzar el nivel más elevado de salud sexual y reproductiva.”

2. Concepción debe entenderse como implantación

La Convención Americana establece en el artículo 4.1 que toda persona tiene derecho a la vida y que este derecho estará protegido, en general, a partir del momento de la concepción.

La Corte reconoce que determinar el momento en el que inicia la vida es un asunto complejo, frente al que no hay consenso sino una multiplicidad de creencias y teorías que no se pueden imponer a quienes no las comparten.

Sin embargo, la Corte considera necesario fijar la interpretación del artículo 4 de la Convención. De acuerdo con las pruebas científicas disponibles, si bien es cierto que con la fecundación o unión del óvulo con el espermatozoide se crea un cigoto que cuenta con el material genético de un nuevo ser humano, sólo con la implantación de ese cigoto en el útero de la mujer, existen posibilidades reales de desarrollo. Por lo tanto, la Corte establece que la protección del derecho a la vida desde el momento de la concepción protegido por la Convención Americana, debe entenderse que aplica a partir del momento de la implantación y no de la fecundación.

“En este sentido, la Corte entendió que el término “concepción” no puede ser comprendido como un momento o proceso excluyente del cuerpo de la mujer, dado que un embrión no tiene ninguna posibilidad de supervivencia si la implantación no sucede. Prueba de lo anterior, es que sólo es posible establecer si se ha producido o no un embarazo una vez se ha implantado el óvulo fecundado en el útero, al producirse la hormona denominada “Gonodatropina Coriónica”, que sólo es detectable en la mujer que tiene un embrión unido a ella. Antes de esto es imposible determinar si en el interior del cuerpo ocurrió la unión entre el óvulo y un espermatozoide y si esta unión se perdió antes de la implantación.”

Óvulo humano fecundado.

Óvulo humano fecundado.

Embrión humano de 6 días implantado en la pared del útero.

Embrión humano de 6 días implantado en la pared del útero.

3. El derecho a la vida no es absoluto

La Corte hizo un ejercicio de interpretación gramatical, sistemática, histórica, evolutiva y teleológica de la protección del derecho a la vida bajo el derecho internacional de los derechos humanos (incluidos los del sistema universal, europeo, africano y por supuesto el inter-americano), y concluyó que este derecho no es absoluto. A la vez, la Corte admite excepciones y que su protección debe darse gradualmente, teniendo en cuenta las diferentes etapas del desarrollo.

“(…) es posible concluir de las palabras “en general” que la protección del derecho a la vida con arreglo a dicha disposición no es absoluta, sino es gradual e incremental según su desarrollo, debido a que no constituye un deber absoluto e incondicional, sino que implica entender la procedencia de excepciones a la regla general.”

4. El embrión no es sujeto de derechos

Del ejercicio de interpretación anterior, la Corte también concluye que el embrión no es titular de los derechos contenidos en todos los tratados de derechos humanos, pues de los trabajos preparatorios se entiende que nunca se tuvo la intención de dar estatus de persona al embrión ni reconocerle los mismos derechos que a las personas ya nacidas. Al mismo tiempo, nota que la defensa del no nacido se da a través de la protección de la mujer embarazada quien es el objeto directo de protección.

“Por otra parte, la Corte indicó que la expresión “toda persona” es utilizada en numerosos artículos de la Convención Americana y de la Declaración Americana. Al analizar todos estos artículos no es factible sostener que un embrión sea titular y ejerza los derechos consagrados en cada uno de dichos artículos. Asimismo, teniendo en cuenta lo ya señalado en el sentido que la concepción sólo ocurre dentro del cuerpo de la mujer, se puede concluir respecto al artículo 4.1 de la Convención que el objeto directo de protección es fundamentalmente la mujer embarazada, dado que la defensa del no nacido se realiza esencialmente a través de la protección de la mujer. Por todo lo anterior, la Corte concluyó que la interpretación histórica y sistemática de los antecedentes existentes en el Sistema Interamericano, confirma que no es procedente otorgar el estatus de persona al embrión.”

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Una nueva era

No cabe duda que defender los derechos reproductivos de quienes quieren tener hijos fortalece los argumentos para defender los de quienes no los quieren o no pueden tener.

Para los que llevamos años trabajando por el reconocimiento y desarrollo de todos los derechos reproductivos en la región, esta sentencia marca el fin de una era donde nos enfrentábamos a situaciones en que la autonomía y la salud de la mujer se subsumían a un supuesto derecho absoluto a la vida del embrión. En adelante, quienes quieran prohibir o restringir el acceso a anticonceptivos que funcionan después de la fecundación pero antes de la concepción, o a métodos seguros de interrupción voluntaria del embarazo, no podrán alegar que la Convención Americana de derechos humanos los justifica.

De la misma manera, los operadores de justicia que estén obligados a aplicar la jurisprudencia de la Corte Interamericana, tendrán que reconocer que los derechos reproductivos incluyen la autonomía reproductiva y el acceso a servicios de salud reproductiva; que el derecho a la vida no es absoluto sino incremental; y que la manera de defender la vida del no nacido es dar protección a la mujer embarazada.

Bienvenida esta nueva era.

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Comments

  1. Me estremece ver que al fin hemos llegado a este Estado; lo que parecía imposible de alcanzar está un paso gigante más cerca de nosotras. Muy bien por la Corte por tomar al fin una posición clara sobre el asunto.

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